HISTORIA TAURINA DEL PERÚ
Por: Dikey Fernández Vásquez

H: El Mirador de Ingunza

Historia del Mirador de Ingunza
 
 
En el siglo XVIII la ciudad capital del Perú estaba ordenada socialmente en el llamado “Damero de Pizarro” por la aristocracia limeña, y se empezaban a poblar las zonas urbano marginales todas ellas a la vera de ambas márgenes del río Rímac (traducido al castellano río Hablador) que cruza de Este a Oeste la ciudad de Lima y que desemboca en el puerto del Callao. A la margen derecha del mencionado río, se ubicaba el barrio de San Lázaro, dichos predios que se extendían hasta el entonces productivo valle de Lurigancho, y que se iniciaban dichos terrenos desde las faldas del cerro San Cristóbal, cerro considerado como el guardián de la ciudad de Lima y que en el Imperio Incaico era reconocido como uno de los apus indígenas en las extensiones de la población Pachacámac.
 
En dicha zona existían algunos terrenos baldíos o improductivos que eran muy conocidos como "El Pedregal del Hacho". Esta zona estaba llena de piedras, debido a que esta parte de la ribera del río Rímac, se llenaba de mucho caudal en los primeros meses del año, el gran caudal se debía a consecuencia de los huaycos que caían desde la serranía a lo largo del valle del Rímac, y una vez que estas riberas secaban a mitad del año, estos predios se quedaban en grandes extensiones de piedras de río por eso el nombre de “El Pedregal del Hacho”.
 
Estos lugares estaban habitados por algunos pobladores originarios del Imperio Incaico que no formaba parte de la servidumbre de la corte limeña, algunos de ellos se dedicaban a la pesca de camarones. En este lugar del “Pedregal del Hacho” aparentemente inservible, se habilitó un camal ó matadero, luego se construyó una plaza de toros de madera por el año de 1762, posteriormente la plaza firme de toros de Lima, que resulta ser el coso taurino más antiguo de América. Casi un siglo después se erigió al lado de la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho), un mirador o minarete, conocido como “Mirador de Ingunza”, que se adosó al conjunto monumental histórico de la Plaza de Acho, que junto con el Centro Histórico de Lima, constituyen actualmente Patrimonio Cultural de la Humanidad.
 
Fue don Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo quien mandó construir dicho edificio denominado actualmente “Mirador de Ingunza”.
 
El Cabildo de la Ciudad de los Reyes, entregó los terrenos baldíos del “Pedregal de Hacho” a su primer propietario que fue la congregación de las monjas Carmelitas Descalzas, recogidas en el Monasterio de San Joaquín, claustro religioso que se le conoce como el "Monasterio de las Nazarenas", donde se conserva la imagen del Señor de los Milagros ó Cristo de Pachacamilla. Dicha adjudicación se realizó en el mes de setiembre de 1715, debido a que en ese año no se pudieron celebrar las festividades en homenaje de Santo Cristo de los Milagros, ya que la recaudación durante todo el año no había sido significativa, y las hermanas carmelitas descalzas no habían recaudado los recursos económicos suficientes para dicha fiesta religiosa. Dada esta situación y la falta de recursos económicos ayudaron para que el Cabildo, menguado por no haber realizado las fiestas religiosas y precaviendo que se pudiera darse algún castigo omnipotente sobre la ciudad de Lima por la falta de catolicismo, imploraron la misericordia del Cristo de los Milagros, haciendo un compromiso moral a nombre de la ciudad de Lima, en la cual se preocuparían de celebrar esas fiestas en honor al Santo Cristo de los Milagros todos los años ininterrumpidamente, rogando al todopoderoso que cuidara y custodiara la ciudad de Lima contra todo mal, proclamándolo Patrón Tutela de la Ciudad de los Reyes.
 
En el Libro de Cabildos de la Ciudad de Lima, aparece la siguiente acta que a continuación se transcribe:
 
"En la muy noble y leal ciudad de los Reyes del Perú, el veinte y un días del mes de septiembre de mil setecientos y quince años, se juntaron a Cabildo, la Justicia y Regimiento de esta dicha ciudad, en la sala de su ayuntamiento como lo hacen de uso y costumbre, para tratar y conferir las cosas tocantes al servicio de Dios nuestro Señor y de su Majestad, que Dios guarde bien y utilidad de la República conviene, a saber los señores; Maestre de Campo don Sebastián Palomino Rondón, Regidor Perpetuo de esta dicha ciudad; General don José Sarmiento de Sotomayor y de los Ríos, Conde de Portillo, Señor de las Villas de San Salvador, de Sabucedo y de la Samoyana, ambos, Alcaldes Ordinarios de esta ciudad por su Majestad. Don Pedro Lascano Centeno de Valdez, Alférez Real y Juez de Aguas; Don José Merino y Jarava, Alguacil mayor; Don Martín José Mudarra, Marqués de Santa María; Don Carlos Gonzales Terrones; Capitán Don Diego de la Presa Carrillo, y el Dr. Don José de Velaochaga, Regidor Perpetuo de esta ciudad, por su Majestad, y lo que por ante mí el presente Escribano, se trató y confirió fue lo siguiente:
 
En este Cabildo se trató y confirió haber mostrado la experiencia los muchos milagros que ha ejecutado Nuestro Señor Jesucristo, el cual intitulan y llaman el Santo Cristo de los Milagros y haciendo tantos años que padece esta ciudad tantas calamidades, así en la esterilidad de los campos, epidemias y otras fatalidades, para que su Divina Majestad mejore los tiempos y la libre de todo mal y contagio, se obliga este Cabildo a dotarle una misa cantada con toda solemnidad y pompa, el día catorce de setiembre, en que celebra la exaltación de la Santísima Cruz a que asistirá el Cabildo para siempre. Y respecto de que la madre Josefa de la Providencia ha pedido se le aplique el Pedregal que está al pie del cerro de San Cristóbal para fabricar y formar alguna huerta con las limosnas que se juntasen para ello, y que desde luego se obligará a costear dicha misa; se resolvió por todos los Señores Capitulares, se le aplique dicho Pedregal, haciendo vista de ojos de él, y los señores Comisarios de solares con el maestro mayor de fábricas, para que lo midan y tasen, y de todo se hará consulta y representación a su excelencia, suplicándole se sirva de confirmar este Cabildo y donación...
 
Voto y Juramento.- Y en veinte y siete de dicho mes de septiembre, el dicho Cabildo, Justicia y Regimiento de esta ciudad, por ante mí el escribano, pasaron a hacer e hicieron el voto, promesa y juramento siguiente:
Nos, la justicia y regimiento de la muy noble y leal ciudad de los Reyes del Perú, considerando las calamidades que padecemos y temiendo por nuestras culpas mayores castigos, implorando la divina misericordia que experimentamos en la sagrada imagen del Santo Cristo de los Milagros, que se venera en el santuario sito en los confines de esta ciudad, hacemos promesa, juramento y voto sobre los santos evangelios de cuidar y atender a su mayor culto y veneración, celebrando todos los años su fiesta el día de la exaltación de la cruz, pidiendo humildemente a su divina Majestad que sea guarda y custodia de esta ciudad, para que la defienda de los enemigos visibles e invisibles y de todos cualquiera males y trabajos que la puedan afligir. Lo firmamos en dicha ciudad, en veintisiete de septiembre de mil setecientos y quince".
 
Los terrenos que fueron adjudicados como propiedad a favor de las hermanas Carmelitas Descalzas Nazarenas del Monasterio de San Joaquín, tenían la obligación de ser trabajados o administrados por ellas, y con el producto de su arrendamiento pudiesen sufragar la celebración de las fiestas del Santo Patrón Tutelar de Lima. Dichos terrenos comprendían el área de más de 20,000 metros cuadrados, y que actualmente forma todo el perímetro de la Plaza de Toros de Acho.
 
Fue el 28 de octubre de 1746, según documentos encontrados por los cronistas de esa época, que aproximadamente a las diez y media de la noche, se registró un aterrador terremoto que destruyó parte de la ciudad de Lima y también el puerto del Callao. Esas fueron las razones y circunstancias para que las autoridades y la población aterrada, recurrieran en ruegos, rezos, plegarias, juramentos y oraciones al Santo Patrón Tutelar de la ciudad para que los proteja y no vuelva a suceder otro terremoto, trasladándose la fecha de la festividad central del Señor de los Milagros al 28 de octubre, hasta la actualidad.
 
Las hermanas Carmelitas Descalzas de las Nazarenas, que por aquel entonces aún no habían dispuesto del terreno del “Pedregal del Hacho” que les fuera adjudicado en 1715 por el Cabildo de Lima, y que debido a dificultades para obtener la licencia necesaria ante el Arzobispado y poder usufructuarlo, el Cabildo de la Ciudad de Lima volvió a juntarse y tomaron otra decisión.
 
En el Libro de Cabildos de la Ciudad de Lima, aparece la siguiente acta que a continuación se transcribe:
 
- El diez de noviembre de mil setecientos sesenta y dos, el Cabildo de la Ciudad de Lima convocó a junta ordinaria para tratar el asunto que se cita textualmente:
“En este Cabildo se vio la pretensión que hace Dn. Miguel de Adrianzén, que en memorias que presentó a su excelencia (el Virrey Manuel de Amat y Juniet), en que ofrece hacer en cada año tres corridas de toros en el paraje nombrado el Hacho por tiempo de ocho años, construyendo en dicho paraje un coso y Plaza firme cercada, y con sus puertas, según se practica en la Corte de Madrid y otras ciudades de los reinos de España, ofreciendo dar un mil pesos, los quinientos para su Majestad y los otros quinientos para aquella obra pía a que su Excelencia fuese servido destinarlos, con otras propuestas, que en dicho memorial expone sobre que su Excelencia mandó que informase el Sr. Dn. Agustín José de Ugarte, Alguacil Mayor y Juez de Aguas de esta ciudad, que así lo ejecutó y posteriormente se mando por su Excelencia que informase este Ilustre Cabildo donde visto el expediente se mandó, que para poder hacerse dicho Informe, se diese traslado al Sr. Procurador General".
 
- En la junta el Cabildo de la Ciudad de Lima, de fecha 12 de diciembre de 1762, se registró en el acta la siguiente anotación:
 
"En este Cabildo se leyó la respuesta que dio el Sr. Procurador General al traslado que se le dio de la proposición hecha por Dn. Miguel de Adrianzén en orden a las corridas de toros que ofrece hacer cada año, y con su vista se mandó hacer el Informe a su Excelencia".
 
Fue así que don Miguel de Adrianzén se convirtió en el asentista que concibió la idea de realizar corridas de toros regulares o dar temporadas de toros en una plaza firme, independientemente de las corridas que se efectuaban ocasionalmente: a la llegada de un Virrey, en honor del Rey ó de un nuevo Arzobispo, ó cuando lo requerían las Arcas Reales, las cuales se realizaban en la Plaza Mayor de la Ciudad de Lima, desde el 30 de marzo de 1540  en la que alanceó un toro don Francisco Pizarro, hasta el año 1816, con motivo de la llegada del virrey Pezuela. Ya por aquel entonces se realizaban corridas en la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho) y que se ven sostenidas en el tiempo con las llamadas “Corridas Patrióticas” en homenaje a los Libertadores Don José de San Martín y luego al General Simón Bolivar, desde 1766 en dicha plaza de toros se vienen dando corridas de toros hasta nuestros días.
 
Don Miguel de Adrianzén presentó su propuesta al representante de la corona el Virrey Manuel de Amat y Juniet, ofreciendo construir una plaza de toros firme, en el lugar donde funcionaba un camal ó matadero de ganado vacuno, terreno denominado inicialmente como “Pedregal del Hacho”, ofreciendo sufragar la cantidad de mil pesos anuales por dicha concesión y otros beneficios para la corona y para la comunidad. El virrey Manuel Amat y Juniet ordenó que fuera necesaria la opinión del Alguacil Mayor de la ciudad, por lo que se solicitó también la opinión del Cabildo de la Ciudad de Lima, propietaria del terreno.
 
La construcción de la plaza firme se inició ese año de 1762, construcción que se realizó en madera desmontable. El primer anuncio de corridas en esa plaza firme se dieron del 21 de enero al 15 de febrero de 1763, donde se efectuaron once corridas de toros en esa plaza, estás fechas están impresas en la "Gaceta de Lima", periódico que apareció en los primeros días de abril de 1763, en la que aparecen noticias del primer trimestre del año. En el referido periódico se da cuenta de la noticia que don Antonio de Nabia Bolaño, de la Orden de Santiago, conde de Valle de Ozelle y Maestre de Campo del Presidio del Callao, había mandado construir una hermosa plaza, cuyo plano consideraba un polígono de quince lados, con un diámetro de 85 varas. No hay mayor referencia del trascendental cambio, pues por aquel entonces los periódicos y revistas eran muy escazas. Según el historiador José Emilio Calmell, Don Manuel de Adrianzén transfiriera parte de la concesión obtenida a don Antonio Nabia Bolaño, porque se le agotaron los recursos, ya que la construcción de dicha plaza que era en madera había superado el presupuesto inicial, y resultaba muy onerosa, ya que traer madera a Lima se realizaba desde Centroamérica, por lo que cedió parte de dicha obra al referido Nabia Bolaño.
 
En el mes de junio del 1765 don Agustín Hipólito de Landaburú y Rivera compró la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho) a don Manuel de Adrianzén quien fue el asentista anterior de dicho inmueble limeño, terminándola de construir en estructuras y acabados moriscos de dicha plaza, que se encontraba con las columnas o contrafuertes de adobe y quincha especialmente preparados para apoyar los asientos de madera traídos de Centroamérica. Continuaron los trabajos hasta inaugurar la Plaza de Toros de Lima oficialmente con el permiso del virrey don Manuel de Amat y Juniet, quien había hecho saber de dicho acto protocolar al Rey de España quien tiempo después autorizó por Real Cedula la inauguración del coso taurino. Dicha inauguración se llevó a cabo el 30 de enero de 1766, con una corrida de toros en la que intervinieron los espadas “Pizi”, “Gallipavo” y “Maestro de España”, quienes lidiaron doce astados de la antigua hacienda Gómez de Cañete. Esta fecha fue presentada en una conferencia con motivo de las festividades de los doscientos años de la plaza, investigación que efectúo el doctor Aurelio Miró Quesada Sosa. Esta fecha se anticipó a la autorización oficial para la erección y administración de la plaza, otorgada por el Rey de España, don Carlos III, ejecutada por Real Orden con fecha en arriba presentada y rubricada en el Palacio de San Ildefonso el 9 de agosto de 1766, a favor de don Agustín Hipólito de Landaburú y Rivera, quien quedó autorizado para administrar por cien años la más grande plaza de toros que se había construido en América, especialmente en el Virreinato del Perú.
 
Es necesario aclarar que la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho) tenía aproximadamente una capacidad inicial para seis mil personas sentadas, por aquel entonces la población de Lima no superaba unas cuarenta mil personas, razón por la cual cada vez que se realizaba una corrida de toros y había un lleno de bandera, la ciudad de Lima paralizaba ya que los habitantes sin incluir a los niños y sirvientes (esclavos), todos los demás estaban divirtiéndose en el espectáculo favorito de aquella época, muchas veces se llegó al extremo que dejaban de cumplir con el precepto religioso de ir a misa todos los domingos, por lo que tuvo que ser  necesario la expedición de una Real Cédula con fecha 6 de octubre de 1798, en la que se especificaba que las corridas de toros se realizaran los días lunes, llevándose a cabo durante unas décadas y atendiendo al pedido de la Autoridad Eclesiástica.
 
Fue don Agustín Hipólito de Landaburú y Rivera un hacendado del sur del país, quien además era propietario de la famosa hacienda Gómez, en Cañete, hacienda que años más tarde se le conoció como la hacienda Unánue (a favor de don Hipólito Unánue), en esa hacienda se criaba ganado de la lidia (aún incipiente pero ya se empezaba a seleccionar el ganado), lo que lograba incrementar el valor de las reses, dónde se diferenciaban las reses de carne y las de lidia. De allí provinieron los 16 toros que se lidiaron el día de la inauguración de la Plaza de Toros de Lima. Existen documentos donde figura que don Agustín Hipólito de Landaburú y Rivera tuvo que desembolsar la suma de 107,600 pesos para adquirir la Plaza de Acho y convencer al virrey Manuel Amat y Juniet, personaje de la corona española con quien conservaba una estrecha amistad, además Landaburú y Rivera fue designado como Alcalde Ordinario de Lima en 1766.
 
En 1773 se empezó a construir una alameda para llegar elegantemente a la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho), alameda que fue construida en forma paralela al río Rímac, alameda que posteriormente contó con una arboleda de cuatro filas de álamos que desembocaba en la llamada Plazoleta de San Cristóbal del Marqués de Otero, la que fue inaugurada en el año de 1801, donde la entrada principal coincidía con el ingreso a los tendidos de Sol de la plaza de toros. Se diseñó una plazoleta de forma circular para colocar una estatua a Cristóbal Colón (en cuyo centro se colocó años después el monumento en mármol, actualmente el monumento está ubicado entre los óvalos de la Plaza Graú y de la Plaza Bolognesi). Los habitantes de la ciudad de Lima empezaron a asistir a las corridas de toros continuamente, por lo que se dejaba ver en forma notoria el abandono de los terrenos adjudicados al Monasterio de las Nazarenas de la congregación de las monjas Carmelitas Descalzas, por cuya calzada principal circulaban muchos habitantes en forma continua, por todo ello en el año de 1774, la Reverenda Madre Priora del Monasterio de San Joaquín ó Monasterio de las Nazarenas, solicitó autorización expresa al señor Arzobispo de Lima, para adjudicar por periodos anuales los terrenos que les habían adjudicado años atrás. Por ello las personas que tuvieron interés en construir sobre esos terrenos podrían ser adjudicados, consiguiéndose así la finalidad para la cual se les habían entregado por el Cabildo en el año de 1715. Fue en julio de 1774 que el señor Arzobispo de Lima concedió la licencia solicitada por la Reverenda Madre Priora del Monasterio de las Nazarenas para adjudicar los terrenos que tenían en propiedad, iniciándose de inmediato la venta censal de los terrenos conocidos como el "Pedregal de Acho", dejándose constancia que ya la edificación de la Plaza de Toros de Lima existía, esos terrenos eran de 1,952 varas cuadradas, equivalentes a 1,785 metros cuadrados, valorizados en 976 pesos, por el que el propietario temporal debía pagar un canon anual y que a la fecha sólo tienen 1,551 metros cuadrados, ya que posteriormente hubieron expropiaciones para las ampliaciones de la Plaza de Toros de Lima.
Se ha registrado en los libros que fue don Teodoro de Velaochaga el primer comprador, quien edificó tiendas con vista a la calle, además de una casa y en la esquina una pulpería, estas construcciones se edificaron entre los actualmente jirones Hualgayoc y Marañón. La esquina fue ocupada por una panadería. En 1778 don Teodoro Velaochaga procedió a vender sus edificaciones en los terrenos del llamado “Pedregal de Hacho” a don Alejandro de León y a doña María Lorenza Troya, posteriormente pasó la propiedad a poder de los sacerdotes  dominicos. Tiempo después el ciudadano portugués don José Silva, fue quien traspasó dichos terrenos al doctor Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo, ese traspaso inmobiliario legal se realizó el 24 de noviembre de 1857, como pago de una deuda de mayor cuantía. Fue así que don Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo de inmediato se propuso reedificar esa propiedad que se encontraba en estado ruinoso. Debemos recordar que por aquel entonces era Presidente del Perú, el Gran Mariscal don Ramón Castilla. Se anota en los anales de la historia de la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho) que el 22 de abril de 1892 se dio en ese coso taurino limeño una corrida de toros a beneficio de las "Benditas Almas del Purgatorio", corrida que siempre quedará como materia de investigación, porque la pregunta surge de inmediato ¿quién recaudó los fondos, quiénes se beneficiaron y a donde fueron a dar dichos fondos? Sin duda ésta corrida será siempre recordada.
 
La construcción del mirador (minarete) y la reconstrucción de toda la esquina entre los jirones Marañón (calle Peralvillo) y Hualgayoc (calle Grandeza) fue circunstancial, ya que el terreno y las construcciones ruinosas por aquel entonces existentes fueron transferidas como parte de pago de un adeudo a favor del doctor de Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo, recordando que el terreno continuaba perteneciendo al Monasterio de las Nazarenas de la congregación de las monjas Carmelitas Descalzas, que percibieron el pago de un alquiler a largo plazo, hasta el mes de abril de 1866 fecha en la que el doctor Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo, de común acuerdo con la Madre Priora de la congregación, canceló el valor del mismo valuado por aquel entonces en 976 pesos, según documentos que así lo estipulaban en una ley de redención de censos que estaba vigente desde el 15 de diciembre de 1864, y dicha transferencia inmobiliaria se realizó en 1866, cien años después de haberse construida la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho).
 
Los locales que estaban ubicadas con frente a las calles Peralvillo y Grandeza, eran un total de catorce locales, los mismos que fueron reconstruidos conforme el plano de obras que se utilizó originalmente. Asimismo, el propietario convino con un constructor la edificación de un mirador ó minarete, siguiendo el constructor las indicaciones de otros miradores que ya se habían construido. Fue el francés don Paúl Nicolás Chalón el constructor, pero en el caso del mirador, el doctor de Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo fue modificando la estructura conforme se fue edificando la construcción, resultando una obra con diferentes variables arquitectónicas en referencia a la que inicialmente ideada.
 
Don Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo, natural de Huánuco, nació el 01 de enero de 1801. Hijo de don Francisco Esteban de Ingunza y Zamácola un español nacido en la localidad de Vizcaya que radicó en el Perú, casado con doña María Teresa Basualdo Figueroa, nacida en Huánuco, Perú. Francisco Esteban fue el mayor de veintidós hermanos. Realizó sus estudios escolares en la ciudad de Huánuco, continuó sus estudios superiores en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, graduándose como abogado el 5 de junio de 1835. Ejerció la profesión de abogacía en Lima. Fue nombrado vocal de la Corte Superior de Justicia de Lima. Vivió transitoriamente en París, dedicándose a escribir de sus viajes por todo el mundo, escribiendo varios volúmenes, de los cuales uno fue titulado "Viajes por el Oriente" e impreso en julio de 1852 en París. Se reincorporó a su profesión como magistrado en 1854, siendo distinguido como vocal en 1857, cargo que ejerció hasta finales del año de 1868, dedicándose luego a la profesión de abogado.
 
 
Dicha construcción se empezaron a ejecutar a partir del 4 de marzo de 1858, según el contrato de construcción entre don Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo y don Paúl Nicolás Chalón, en la que se detallaban especificaciones muy concisas, como por ejemplo: que la construcción sería de forma octogonal, teniendo como diámetro 3.75 metros; además la edificación se elevaría en cuatro pisos de 4.50 metros de alto; los niveles estarían relacionados por escaleras en forma de caracol siendo los dos pisos superiores los que tendrían una gran visión panorámica al estar revestido de vitrales en todo su contorno. El mirador ó minarete fue edificado con la finalidad de ver desde el cuarto nivel las corridas de toros que se realizaban dentro de la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho). Recordemos que existe una similitud con Sevilla y su plaza de toros en cuanto a obras, tal ves no iguales en construcción pero sin en la idea, ya que el Sevilla la Plaza de Toros Real Maestranza de Caballería, está circundada por el río Guadalquivir, y entre ellos la Torre del Oro, aquí la Plaza de Acho está circundada por el río Rímac y entre ellas el Mirador de Ingunza. Su forma y detalles arquitectónicos del mirador, tuvo como fuente de inspiración, los otros minaretes cuya construcción morisca el propietario y constructor observaron, no solo en sus largos viajes por el imperio Otomano, Tierra Santa, Persia, Egipto, Rusia y otros países del Cercano Oriente, efectuados entre 1847 y 1849, sino también los existentes en el Perú durante el virreinato.
 
La referida construcción del mirador se inauguró con toda pompa en diciembre de 1858, y cuya construcción formó parte de la "Casa Quinta de Ingunza" ubicada en la parte interna de estructura construida para las tiendas que fueron materia del traspaso, y cuya construcción estaba adosada a la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho), en las afueras de Lima y que en la actualidad está ubicada en el distrito del Rímac. El costo de dicha edificación según el contrato inicial ascendía a 964 pesos, sin embargo el constructor don Paúl Nicolás Chalón realizó gastos adicionales por las diferencias arquitectónicas que se fueron realizando por lo que presentó una factura a cobrar por una mayor cantidad. Fue recién en junio de 1860 que se colocó en el pináculo del mirador la estatua de madera de un indio o cacique. Transcurrió más de cien años para que en noviembre de 1961 con motivo de la ampliación de los exteriores de la Plaza de Acho, por lo que se adicionara otra edificación octogonal de menor diámetro recubierta con adobe, en cuyo interior arquitectónico se encuentra adosada una escalera de caracol que conecta el primer nivel con el segundo y el tercero. Esta última construcción tuvo por finalidad reforzar el mirador y librarlo del peligro de su derrumbamiento. En el tercer nivel se edificó una garita de madera que inicialmente sirvió como repostero y luego en un comedor familiar. El actual estado de conservación es muy malo ya que está a punto de derrumbarse, en cambio la construcción interior, está en mejor estado de conservación, ya que en el se empleó material noble, más durables ya que sus columnas sirven de contrafuertes y la escalera están construidas en madera de Pino Oregón. En el primer piso la construcción fue hecha de material noble ósea ladrillo y cemento, mientras que el segundo de ladrillo y tijerales de madera. Su altura actualmente es de 18.50 metros más la figura que lo corona sobre una cúpula de calamina. Pero la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho) fue reconstruida en 1946 por lo que se elevó su edificación, impidiendo la visibilidad que antes tenía el mirador de Ingunza hacia el coso.
 
El famoso mirador fue usado por el doctor Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo cada vez que se organizaban corridas de toros en la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho), quien tenia por costumbre invitar fastuosos almuerzos a sus colegas juristas, también vocales de la Corte Superior de Lima, a los que instalaba en el cuarto nivel del mirador, lugar privilegiado desde donde se observaba más de dos tercios del coso, específicamente se veían la parte del ruedo de los tendidos de Sol. En 1858 cuando se inauguró el mirador, se cuenta que el cuarto nivel tuvo más de dos decenas de invitados, contraviniendo a los detractores arquitectónicos de esa época quienes auguraban maliciosamente que esta edificación se derrumbaría en poco tiempo, lo que en el tiempo no se dio ya que hasta la fecha el mirador continúa edificado.
 
Algunos historiadores despistados o faltos de rigor documentario crearon falsamente y con gran imaginación sobre el "Mirador de Ingunza" que el propietario de la Plaza de Acho don Agustín Hipólito de Landaburú y Rivera (de quien se dijo y escrito que fue amigo y socio de Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo, lo que no es verdad por los antecedentes históricos que se puede corroborar con las fechas). Asimismo, se ha escrito e incluso se ha dado casi por aceptado como verídica la tesis de que don Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo no quería rendir pleitesía al virrey don Manuel de Amat y Juniet, y que por ello el doctor Ingunza creo la forma de eludir al virrey y no dejar de ver las corridas de toros (Tesis histórica que tampoco es verídica porque entre uno y otro personaje existe casi cien años de diferencia cronológica). Incluso hubo algún historiador que seguramente no realizó oportuna investigación en las fuentes originales, llegando a asegurar que el virrey Manuel Amat y Juniet, quien tenía un romance con doña María Micaela Villegas Hurtado “La Perricholi”, estuvieron presentes en el mirador, no sólo contemplando las corridas de toros, sino que dando rienda a sus amoríos (hecho totalmente falso ya que ambos personajes de la historia fallecieron antes de que se inicie la construcción de dicho mirador, por ello esa teoría es falsa). Todas estas hipótesis sólo eran especulaciones históricas, ya que se ha demostrado que la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho) se inauguró el 30 de enero de 1766 con asistencia del virrey Manuel Amat y Juniet, y de Agustín Hipólito de Landaburú y Rivera; mientras que la construcción e inauguración del mirador de don Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo fue en diciembre de 1858, entre ambas fechas hay casi cien años entre una construcción y otra. En 1858 cuando se inauguró el hoy llamado “Mirador de Ingunza”,  los propietarios de la Plaza de Acho don Agustín Hipólito de Landaburú y Rivera, y su hijo don Agustín Leocadio de Landaburú y Belsunse, ambos habían fallecido. Así también hay que remarcar que el virrey don Manuel de Amat y Juniet, falleció en febrero de 1782, y su hijo don Manuel Amat y Villegas, nació el 13 de noviembre de 1770, por aquel entonces en 1858 también habían fallecido ambos; y por último, doña María Micaela Villegas Hurtado "La Perricholi", nacida en la ciudad de Lima el 28 de setiembre de 1748, también había fallecido en la localidad del Rímac el 16 de mayo de 1819, cuarenta años antes de la inauguración del “Mirador de Ingunza”.
 
Queda demostrado que ninguno de los personajes sobre los que se tejía alguna historieta sin documentación fidedigna sobre el porqué de la construcción del mirador por parte de don Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo, en relación a otros personajes de la historia peruana.
 
Don Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo falleció en la ciudad de Lima el 19 de marzo de 1886, heredando la propiedad denominada “Mirador de Ingunza” su hijo don Francisco Esteban de Ingunza y Bedoya, quien vendió la propiedad el 01 de febrero de 1889 a doña Juana Herrera de Espantoso, posteriormente la propiedad fue vendida a don Pedro Berrío en el mes de mayo de 1904: Luego la propiedad fue adquirida por don Gustavo Badt en el mes de octubre de 1907, dejando como herencia la propiedad a doña Hortensia Montani Arias de Ferreyros en el mes de mayo de 1915, quien mantuvo la propiedad hasta su fallecimiento en el mes de agosto de 1955. Las herederas de doña Hortensia: María Jesús Garreaud Montani y Blanca Eugenia Montani, vendieron posteriormente la propiedad a don Neldo Ruggia Ruggiero en el mes de julio de 1962, al fallecer don Neldo Ruggia en el mes de diciembre de 1982 pasó como herencia a su esposa doña Alcira Rossi Lavander viuda de Ruggia, quien falleció en 1986. Actualmente son varias personas que reclaman el derecho de herencia.
 
La propiedad denominada "Mirador de Ingunza" fue declarada Monumento Histórico - Artístico, mediante R.S. N° 2900-72-ED de fecha 28 de diciembre de 1972. Posteriormente la UNESCO (organismo de las Naciones Unidas), declaró a dicha propiedad conjuntamente con la "Plaza de Toros de Acho" como Patrimonio Cultural de la Humanidad en el mes de diciembre de 1991. Por lo tanto, la Plaza de Toros de Acho y el Mirador de Ingunza son complementos arquitectónicos e históricos, formando un conjunto monumental.